| LA
HISTORIA DE CHICO
Hola
a todos, somos las "mamis" de Chico y queremos compartir
con todos vosotros nuestra experiencia. Chico (ahora rebautizado
como Polo), es un perrito encantador que ha tenido muy mala
suerte en su cortita vida (un año y dos meses). Primero
estuvo ocho meses atado a una cadena y después fue
adoptado otras tres veces más, antes de que llegáramos
mi hermana y yo.
Imaginad lo que ha tenido que suponer para él, ocho
meses encadenado y después tantas devoluciones, sin
que él hubiera tenido la culpa (queremos aclarar, eso
sí, que una de sus dueñas tuvo con todo el dolor
de su corazón y por motivos ajenos a ella que devolver
a Chico). Así que cuando mi hermana y yo llegamos a
la APAP, y nos enteramos de su historia, tuvimos claro que
queríamos adoptarle a él y darle el hogar que
tanto se le resistía.
Al día siguiente de adoptarlo, lo llevamos a una casa
en la sierra (donde pasaremos el verano) y estuvo correteando
por todo el jardín, olisqueando todo, subiendo y bajando
escaleras (como veis en las fotos), cogiendo y mordiendo piñas,
jugando con los niños, etc. Esto nos ha puesto muy
contentos porque nos dijeron en la APAP: "Chico es un
perro muy bueno que necesita que le den juerga" y juerga
tiene, tanta que por las noches mientras vemos la tele, está
tumbado haciendo verdaderos esfuerzos por no quedarse roque
del cansancio (si vierais como se le cierran los ojitos!).
Sin embargo, por muy cansado que esté, en el momento
que nos levantamos del sillón, abre los ojos y con
un esfuerzo sobreperruno nos sigue dando saltos
de un metro de altura. Cuando es la hora de dormir, aguanta
y acompaña al último de la casa al cuarto, allí
se tumba en los cojines o si se pone muy meloso se sube en
la cama. Por la mañana es el primero en dar los buenos
días a cada uno (es el único que no tiene mala
cara al levantarse).
Lleva
una semana en nuestra familia y ya le queremos porque es uno
más.
Aunque en el ratito que estuvimos conociéndole en la
protectora no nos hizo ni caso (la verdad sea dicha), tardó
sólo unas horas en acostumbrarse a nosotros. Nos ha
sorprendido lo cariñoso y alegre que es, obediente,
listo, pícaro, juguetón, faldero etc. Lo tiene
todo. Además entiende desde el primer día, sólo
con una palabra, si es hora de jugar, si hay que estar tranquilo
porque hay niños pequeños cerca, que en las
comidas no hay que molestar que justo después él
tiene su recompensa, que en las camas sí se puede subir
pero no en los sillones, etc. Ya ha elegido sus sitios en
la casa, ha escogido a un duende como muñeco (que por
supuesto desde el minuto dos ya no tenía pelo ni ojos)
y le encanta jugar con las pelotas (tiene 6 distintas) y traértelas
y dejártelas encima para que se las tires. Cuando lo
sacamos a la calle, se pone muy contento cuando ve a sus nuevos
amigos, porque ya es toda una institución en el parque,
pero si le llamas viene corriendo y te come a lametazos.
En fin, queríamos contaros que estamos muy feliz con
él y recomendamos a todo el mundo que adopte a un perro,
porque le sorprenderá lo agradecido y listo que pueden
llegar a ser cuando se les da una nueva oportunidad. Nosotras
estamos muy felices con él, y él también
está muy feliz porque, por fin, tiene un verdadero
hogar.

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