| SARA,
UNA GATA DE ENSUEÑO
Hola amigos,
Apenas
hace una semana que vivo en mi nuevo hogar, pero mi amita
y yo ya nos hemos convertido en las mejores amigas. Al principio
me era todo extraño y estuve un tiempo en estado de
alerta, pero ahora ya me paseo más ancha que pancha
por toda la casa.
Mi amita y yo nos llevamos muy bien. A ella ya no le hace
falta ponerse el despertador por las mañanas; ya me
encargo yo de sacarla de las sábanas y de espabilarla
con un poco de ejercicio matutino provocándola para
juguetear un rato. Ella me lo agradece un montón…
Soy muy buena, limpia y cuidadosa. Cuando ella se marcha,
yo me quedo tranquilamente esperando su regreso y encuanto
la oigo subir las escaleras, salgo corriendo hacia la puerta
de entrada para recibirla, pues casi siempre me sorprende
con un nuevo juguete y lo estrenamos juntas. Me gustan todos:
la caña con los ratones, las plumas de colores, la
pelota con cascabel, piolín y sobre todo, su goma del
pelo, porque me la lanza a través de todo el piso y
yo salgo escopetada tras ella para cogerla (a veces, incluso
se la traigo de vuelta para que me la vuelva a tirar).
La
verdad es que me lo paso pipa y aún sigo descubriendo
nuevos rincones de este acogedor ático. Tengo 3 terrazas
y me encanta salir a la aventura y explorarlas, pero de momento
solo lo hago bajo la supervisión de mi amita; no vaya
a ser que me asuste y me pase algo.
Nos hacemos mucha compañía mutuamente, ya que
ella pasa mucho tiempo en casa estudiando y yo me tumbo a
su lado encima del escritorio. También nos gusta mucho
hacer mimitos en el sofá mientras vemos la tele por
las noches. Para dormir tengo una estupenda casetita forrada
de pelo, pero no le hago ni caso, pues prefiero acurrucarme
junto a mi amita en la cama grande (y ella me ha confesado
que también lo prefiere…).
¡Ay, qué suerte que hemos tenido las dos encontrándonos!
Pues sí amigos, parece increíble que una gata
adulta se haya adaptado tan rápida y perfectamente
a un nuevo hogar. Yo era algo escéptica al respecto
y creía que solo los cachorros tenían esa capacidad
y que solo desde pequeñitos se adaptarían a
tus hábitos y se dejarían educar. Pero a la
hora de la verdad, eso son solo absurdas creencias que circulan
por ahí.
Esta maravillosa experiencia que estoy teniendo con mi gata,
se la aconsejo a todo aquél que esté interesado
en adoptar algún felino.
Agradezco de todo corazón al equipo de la APAP el
haberme proporcionado la información sobre Sara, y
a su antigua casa de acogida, por haberla cuidado tan bien.
¡Un fuerte abrazo!
Laura

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