| HASSO
Hola
me llamo Hasso, tengo siete años para cumplir ocho
el día 19 de Agosto, estoy hasta nervioso, me han contado
mis compañeras donde ahora vivo, que hay fiesta, cae
un hueso grandote de esos que tienes para más de media
hora, y te acarician las orejas, ¡ay Dios mío
que nerviosito estoy, y que a gusto en mi nuevo hogar, si
hasta voy a tener fiesta de cumpleaños!
La historia de Hasso, no difiere mucho del resto de historias
con final feliz a priori, sin embargo lleva intrínsecas
una serie de connotaciones que le hacen ser un perro especial,
y a la vez un ser muy añorado y querido.
Por poner algún antecedente y que se me comprenda
mejor, he de empezar por una historia que dista en 5 años
de la actualidad, toda la vida había tenido perro,
pero siempre hembras, hasta que ya hace muchos años
vino a mi vida un belga macho, enorme muy dulce, mimoso, y
con mucho potencial dentro que dar a quien le quisiera un
poquito, sin embargo y por una mala jugada de las que la vida
nos pasa a menudo, mi pobre Moro, falleció de un cancer,
sin poder hacer nada por él.
Nunca había tenido antes un macho y por tanto, para
mí perder a mi gran perro, fue un golpe muy duro.
La vida continuó, y unos salieron de mi vida, y otros
entraron, de tal modo que en Marzo del vigente año,
tenía mis dos perritas, una pastor alemán, y
una belga, también adoptada desde cachorrito.
Casualidades de la vida, vimos en la protectora de Alcalá
un pastor alemán macho, y sin mayor excusa nos enamoramos
de la idea de tenerle en casa, sin embargo aquel pobre, desconozco
si aún sigue en adopción, no pudo venir a casa,
y ya con lágrimas en los ojos nos volvíamos
cabizbajos, cuando el cielo se abrió, y surgió
la idea de Hasso, un pastor alemán que procedía
del ejército y que por su avanzada edad ya 7 años,
se quedaba sin hogar.
Nada más verle sentí una punzada en el pecho,
era un animal enorme, con nerviosismo, pero con vitalidad,
y lo más importante con una mirada limpia, y a la vez
de desconcierto.
Como podéis imaginar vino a mi casa, al principio
hubo ciertas tiranteces con mis dos perritas, debido a que
todos querían ser ellos el primero, no obstante el
tiempo todo lo ha suavizado, y ahora miro por la ventana y
veo un pastor alemán enorme con sus 40 kilos, una mirada
limpia y fiel, y un rabito que no para de menearse, y pienso,
¿ eres feliz Hasso?, la respuesta es evidente, se deshace
en dulzuras y perrunas para que le quieras, un animal, que
bajo criterio propio nunca supo lo que de veras era quererle
sin condición alguna, que desconocía que tras
una caricia viene otra, y sobre todo que nadie espera nada
de él, más que mucho amor, y fidelidad, algo
que doy por sentado tenemos sobre seguro.
Hasso
a pesar de ser un animal acostumbrado a la vida de cuartel,
rápidamente se hizo a una casa en la que los animales
tienen unos horarios de comidas, donde el cepillado, el paseo,
y el baño son habituales, y por supuesto donde él
tiene su perrera personalizada, un veterinario que le controla,
y muchos amigos para juegos junto con unos dueños que
le adoran. Es un animalito que aunque traía una rutina
pautada, no ha tenido problema en adaptarse, ni a gatos, ni
a perros, ni a vecinos y amigos ni a nada, es más si
abrimos la puerta de casa sale hace pis y se vuelve corriendo,
sin ninguna intención de alejarse, así pues
su carácter es jovial, y sobre todo juvenil, no es
un perro de los que ignoran todo aquello que no les interesa,
si no que por el contrario, es curioso, muy inteligente, y
juguetón donde los haya.
Por eso he de estar agradecida a la protectora de Alcalá,
donde los voluntarios además de ser encantadores, me
dieron la oportunidad de demostrarle a un animal que el cariño
existe más allá de lo que él haya podido
experimentar, y por otro lado, el hecho del milagro que obró
Hasso en nuestras vidas, cicatrizando una herida que siguió
sangrante desde el año 2002 hasta marzo del 2007, nunca
será Moro, pero es ¡Hasso!, un ángel que
apareció en mi vida y por él que doy gracias
todos los días.
La sensación de asomarse a la calle y ver unos ojos
que te agradecen tu amistad, no tiene precio, sin embargo,
cuando esos ojos han sido presa de un sufrimiento que ellos
no pidieron es aún más gratificante, quizá
podría tener un cachorro de pastor alemán puro,
pero nunca tendría ese sentimiento tan arraigado, de
haber dado una nueva oportunidad a un ser tan dulce.
Desde aquí quiero animar a todo el que esté
dudando sobre si adoptar a un animal de determinada edad que
no lo piense dos veces, al contrario que las personas que
con los años cogemos manías y vicios, los animales
son muy agradecidos y conscientes de que su vida ha dado un
cambio, además como dijo alguien en cierta ocasión….
“ NO SE TIRA UNA VIDA POR LA BORDA PORQUE ESTÉ UN POCO
MAGULLADA”.
Un saludo y un lametón de Hasso.

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