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La
adopción de Joya
Queridos amigos, mi nombre es Mamen.
Adopté a mi perrita Joya en vuestro albergue en el
mes de octubre de 2000. No sabría decir a ciencia cierta
quién salvó a quién. Anteriormente habíamos
tenido otros dos perros (no adoptados) y en quince días
nos quedamos sin ninguno: uno estaba malito desde hacia varios
años casi desde que lo tuvimos y murió con siete
años.
El otro con catorce años se dejó morir de tristeza
al irse el otro y lo tuvimos que sacrificar.
Entonces decidimos no tener más perros pues no queríamos
sufrir más. Y fueron pasando los años, y cada
día los echaba más de menos, cada vez que salía
alguna imagen de perros y sobre todo maltratados no podía
resistir las lágrimas acordándome de los míos.
Así pasaron cerca de siete años.
Me habían hablado muy bien del albergue. Y un 28 de
octubre de 2000 nos fuímos allí con mi sobrina
a elegir una perrita para adoptar. Ya sabéis cuántos
hay allí, miramos varias perreras o como lo llaméis;
orientadas por una compañera de allí. Nosotras
queríamos una hembra que fuera tranquila y cariñosa.
Entonces llegamos a una perrera en la que había tres
o cuatro perros grandes todos en la parte delantera haciéndonos
fiestas para llamar nuestra atención, pero mira tu
por donde quien llamó nuestra atención fue una
perrita que estaba al fondo sentada muy tiesa (como los perros
esos de cerámica que hay en las tiendas de muebles)
como diciendo "yo no quiero saber nada del mundo".
Y aquella era Joya, la que elegimos.
Del día que vino a casa a ahora ha cambiado muchísimo,
ya es la reina de la casa. Al pricipio tenía muchos
miedos supongo que como todos los perros maltratados y abandonados,
como es el caso de ella. Con el tiempo hemos podido imaginarnos
que la ha debido de pegar un hombre, pues era entrar en casa
alguno (en casa somos dos chicas las que vivimos) y se agachaba
hasta que se meaba. Ver a alguien con bastón y huía.
Tambíen la han debido de engañar con comida
para encerrarla, etc... Pero todo eso ya está superado.
A Joya le gusta correr mucho, sobre todo en la salida de
la mañana. Da gusto verla, parece una galgita cuando
viene de lejos, dando unas zancadas todo lo largas que le
permiten sus patas que son bastante largas; con las orejitas
moviéndose arriba y abajo, y con la boca que parece
que se va riendo. Es maravilloso verla disfrutar.
La gusta jugar con los palos, se los tiro y va corriendo a
cogerlos; los hace trocitos y los escupe. Pero muchas veces
es ella la que decide coger algún palo que ve en el
suelo. También le gusta que juegue con ella a que se
lo cojo y va corriendo y lo tira al alto.
Cuando venimos de la calle y trae las patas mojadas se deja
que le limpie las patas con una toalla; además que
si por casualidad se me ha olvidado limpiárselas va
detrás de mí hasta que me doy cuenta que las
tiene sucias.
Y siempre cuando se las estoy limpiando me da besitos en la
mano. La verdad es que podría contaros muchísimas
cosas más, cantidad de detalles; todos llenos de cariño
que día a día me demuestra Joya.
Pero creo que ya me he enrollado demasiado.
Creo que se deberían adoptar más perros. Muchas
personas mayores se sentirían muy acompañados
y cuidados con un perro. Realmente si lo que la gente quiere
es tener un perro lo mejor es adoptarlo pues tienes un camino
ya recorrido, que es enseñarle a hacer sus necesidades
en la calle; en el albergue los tienen muy bien cuidados y
enseñados, y saben perfectamente
qué es fuera y qué es dentro.
Os envío algunas fotos de Joya.

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