| KIKA
Y CAPITAN
Hace unos meses, tuvimos la suerte de cambiarnos de vivienda,
la cual cuenta con un jardín pequeño y espacios
de campo cercanos, el primer pensamiento fue completar mi
familia con un perro ya que siempre he tenido estos maravillosos
seres muy presentes en mi vida, tenemos tanto que aprender
de ellos. El mero hecho de estar ahí, es suficiente
para hacer que se sientan felices, y si tengo un mal día,
no hay rencores, ni reproches, ni vacíos… todo lo contrario
Son el bálsamo perfecto contra el decaimiento, el antídoto
de la soledad, del egoísmo y la hipocresía,
sin duda convivir con ellos nos ayuda a ser mejores. Por supuesto
que hablo de un perro, irónicamente, perteneciente
a ese grupo mal llamado de “animales irracionales”, ya que
para sí, quisiéramos muchos humanos tener la
mitad de raciocinio, ternura, respeto, dedicación y
sensibilidad que son capaces de ofrecer.
Y
aquí comenzó mi odisea particular por las distintas
protectoras y refugios vía Internet. No quería
un cachorro, ya que mi experiencia me decía que un
adulto es generalmente más consciente de su situación,
sobre todo si fue abandonado y maltratado. Pensé que
son éstos, quienes que nos necesitan realmente. Los
más adultos lo tendrían mucho más difícil
para encontrar un hogar y una familia. Mi pareja por el contrario,
opinaba que un cachorro es siempre más fácil
de educar y de hacerse a un nuevo entorno, pero le hice ver
su error, error que cometen muchísimas personas. En
un adulto, su capacidad de comprensión es totalmente
madura, se educa con más facilidad y su agradecimiento
es mucho más entregado, moriría por una caricia,
lo daría todo por ti, sabe que le has dado una oportunidad
de volver a tener amor, eres su salvación y tú
tan solo debes limitarte a enseñarle que NO todos los
“humanos” son crueles y egoístas.
Así, siguiendo mi triste peregrinaje por las diferentes
webs, fui consciente de lo mucho que me iba a costar decidirme,
eran tantos seres necesitados de otra oportunidad. Lloré,
lloraba a cada nueva visita, cada una de aquellas caritas
con sus dramas, sufrí lo indecible. Decidí limitar
mi búsqueda a los refugios más cercanos a mi
municipio, y de pronto, una carita, una mirada en la pantalla
hicieron que me estremeciese, era Capitán. Desde ese
momento algo pasó, quedamos unidos por un vínculo
invisible era como si me hubiese estado esperando siempre,
yo, era para él.
El día que fuimos a conocerlo no lo podré olvidar.
Cuando llegamos las perreras que estaban junto al camino se
dispararon en ladridos y saltos casi circenses, querían
llamar nuestra atención, sabían que su búsqueda
de un nuevo hogar podría ese día llegar a su
final feliz. Capitán ya estaba esperándonos,
pero antes, junto a los cuidadores hicimos un recorrido por
las limpias y cuidadas instalaciones. Todos sus inquilinos
querían lamernos, nos regalaban su mejor pirueta, su
ladrido más simpático, con el loable y único
fin de ser los elegidos. Entonces observé una bola
de pelo negro, preciosa, grande. Estaba seria, no ladraba,
no llamaba nuestra atención, acudió a mi llamada
pero pronto se retiró al interior de su caseta con
esa expresión terrible y acostumbrada de “para qué”,
tenía asumido después de tantos años
en ese recinto que su oportunidad jamás llegaría,
Kika, simplemente había perdido la esperanza. Me emocioné,
también David, mi pareja, y decidimos que había
llegado el momento de que aquella maravillosa perrita, educada,
complaciente, tranquila y sumamente especial e inteligente,
gozase de un lugar en una familia. Llevaba seis años
allí, toda su vida, entró en el refugio con
apenas un año de vida. Sus oportunidades de adopción
habían sido muy pocas, ya que como nos dijeron los
cuidadores, ¡a la gente no le gusta los perros negros!,
supina estupidez.
Tuvimos suerte, Capitán y Kika hicieron buenas migas.
Por supuesto que en el momento de las presentaciones ambos
se mostraron tímidos con nosotros, sobre todo Capitán,
que entonces era un saco de piel y huesos y no precisamente
por carencia de comida, más bien por una negación
a seguir viviendo, estaba sumido en la tristeza, y el único
alimento de engorde para él era sin duda una buena
ración de AMOR personalizado. Estaba receloso, acobardado
ante los hombres y los niños, mi hijo de siete años
era para él una figura amenazante. Más confiado
con las mujeres, sin duda su experiencia previa al refugio
tenía mucho que ver en aquella actitud. Cada fin de
semana acudimos fieles a nuestra cita con la parejita, les
llevábamos las codiciadas salchichas, jugábamos
en un recinto amplio destinado precisamente a este tipo de
encuentros ya que preferimos darles confianza antes de traerlos
a su nuevo hogar. Entre caricias, salchichas y juegos pronto
los recelos fueron desapareciendo y recobraron la confianza
en si mismos, recuperaron su carácter y nos recibían
con alegría. El día que los recogimos fue mágico,
estaban especialmente contentos, nerviosos, se subieron al
coche sin problemas y la llegada a casa fue emocionante, sabían
que estaban en su nuevo hogar, y esta vez sería para
siempre. Ahora, cuatro meses después, mi pareja, nuestro
hijo y yo, nos sentimos afortunados, orgullosos y felices
por haber conocido a esta parejita tan simpática. Kika
se toma muy en serio su papel de mamá y cuidadora de
todos nosotros, ella manda. Y Capitán, intenta hacer
honor a su nombre pero la impetuosidad de su juventud le pierde,
así que viendo lo difícil que le resultará
relegar a la capitana de su puesto se limita a disfrutar de
la vida, a correr y saltar, volar tras una pelota y jugar
a las peleas con toda la familia. Nos adoran y los adoramos
es todo absolutamente recíproco. Son excelentes vigilantes
y cuidadores. Se han adaptado perfectamente, es como si hubiesen
estado aquí toda su vida, entienden cada mirada, cada
palabra y gesto, la complicidad es total. Duermen junto a
nosotros en la entrada a nuestro dormitorio y aunque con Capi
hay conflictos por el ansiado sofá, la sangre nunca
llega al río y para él ya es un juego el intentar
permanecer dos segundos tumbado en el mullido mueble, siempre
nos hace reír. Podría estar horas escribiendo
las maravillas de estos dos personajillos, pero entiendo que
no puedo acaparar tanto.
Sólo me pregunto, como alguien pudo una vez abandonar
y maltratar a estos nobles seres. Gracias a todos los cuidadores
y voluntarios del refugio, lo vuestro si que es amor y entrega
desinteresada.
Saludad de mi parte a la preciosa Calabaza (mi asignatura
pendiente), a Ragazza, Ana, Jesulín , que como el resto,
encuentren pronto un hogar que los merezca.
Gracias, gracias, gracias.
Disculpad la extensión de mi relato. Tendré
que ir enviando por capítulos ; ). Espero que podáis
publicarlo en su totalidad en el apartado Finales Felices,
aun que sea publicándolo en dos partes, Kika y Capitán
cap1, cap2 ; ). La posdata, si lo veis pertinente, solamente
para vosotros, pero el relato es para ayudaros en la concienciación
de todo el que visite la web, por ello es importante que se
publique en su totalidad, habría escrito al menos tres
folios más, hay tanto que contar. También os
envío las fotografías con las que deseo acompañar
la historia de Kika y Capi. Están guapísimos.
Afectuosos saludos y un gran abrazo.
Yolanda, David y Daniel.

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