|
La
historia de Pulgarcita
Hola.
La de la foto soy yó, Pulgarcita, aunque ahora me llaman
Blacky. La verdad es que no me importa. Lo de Pulgarcita será
por que soy pequeñita aunque mi corazón es grande.
Lo de Blacky me explicaron que tiene que ver con el color
de pelo, algo de negro en inglés. Pero bueno, que importa.
Aquí estoy para relataros mi historia, es decir, mi
vida hasta ahora.
Como no podia ser menos, un día nací. Antes
de eso no me acuerdo de nada, no sé porqué,
pero bueno. Nada más venir a este mundo rápidamente
me cobije con mi madre que me quería un montón.
Poco a poco me hice más grande y tuve que hacer mi
vida por mi cuenta. Me dolió un poco pero entendia
que así debía ser. Viví una época
con unas personas. Me querían y yo les quería
a ellos. No sé que pasó, pero me llevaron a
un sitio llamado SPAP-Alcalá. La primera impresión
fué un poco fuerte. ¿Pero que había hecho
o dejado de hacer para acabar ahí? Una vez que me acomodé
la cosa ya me pareció distinta. Un montón de
amigos y gente que me querían y me cuidaban. Si yo
os contara la cantidad de compañeros que he concocido.
Cada uno tenía su historia. La verdad sea dicha. Algunas
de sus historias eran horribles, pero ahí estaban conmigo.
Un gran grupo de amigos con algo en común. SPAP-Alcalá
pensaba que merecíamos una segunda oportunidad, aunque
yo creo que los dueños son los que necesitan una segunda
oportunidad. Una oportunidad de mostrarnos cariño ya
que es lo único que les hemos dado nosotros. A todos
nos explicaron que no era culpa nuestra el haber sido abandonados
o maltratados. Eso fué un alivio para mí y mi
autoestima. Alguno de mis compañeros era un poco malhumorado,
pero nos explicaron que eso era culpa de sus anteriores dueños
porque nosotros somos buenos por naturaleza, y lo seguimos
siendo. El mal humor se les fué quitando con cariño,
algo que no les habían dado antes y que todos necesitamos
en cantidad.
Pues bien, allí estaba yo con todos esos amigos. De
vez en cuando (y os pido que con más frecuencia cada
vez) venía gente y paseaban delante de nuestras casas
hablando y señalandonos. Había algunos de mis
compañeros que decían que sólo venían
a vernos, pero yo sabía que no. Venían a ver
y decidir a cuál de nosotros adoptaban. A cuál
de nosotros iban a dedicar su cariño y atención
constante. La verdad que era una lotería. Yo me peinaba,
acicalaba para el Sábado (ese era el día que
solían venir). Me limpiaba los dientes, las legañas
y animaba a todos a estar lo más atentos posible. Sin
embargo, por alguna razón que no entiendo, para mí
pasaron los Sábados sin éxito. Resignación
y tristeza por un lado, pero alegría por otro, ya que
puede ver a compañeros como Ico, Ally McBeal, Kenia,
y más, andar con majestuosidad a sus nuevos hogares,
y muy probablemente el definitivo, donde realmente se les
quisiera y no se les tratara de mero aparato antirrobo de
usar y tirar.
Y por fin pasó. Un Viernes por la noche observando
las estrellas ví una estrella fugaz, y por supuesto,
pedí un deseo. No me costó mucho pensarlo ya
que era casí el único deseo que tenía
(exceptuando que también deseaba que mi compañero
no fuera tan glotón y me quitara mis chuches cuando
estaba distraída). No sé el qué, pero
algo me decía que el Sábado iba a ser especial.
Casi no pude dormir de los nervios. Tempranito por la mañana
me levanté, acicalé, peiné y de todo.
Sólo me faltó pintarme las uñas, pero
se me acabó el negro ceniza y no había tiempo
de ir a por más. Un par de lametones y como nuevas.
LLegaron los cuidadores voluntarios de SPAP-Alcalá
y empezaron a poner todo en marcha. Al rato, ví un
señor gordito que husmeaba por delante de nuestras
habitaciones. Me dijé, "Ya está ! Ese viene
a por mí !" Pasó por delante y me miró.
Por supuesto, con lo amable que soy yó, le saludé
con un par de mis ladridos de buena cosecha. Se rascó
la barbilla y siguió. Yo me quedé desconcertada.
¿No sería él? ¿Era una simple
ilusión animada por la esperanza?. Allí me quedé
un tanto desilusionada y perpleja. Al rato apareció
de nuevo, esta vez acompañado por una señora
también gordita y por una perra que luego supe que
se llamaba Taffy. Entonces supe que no me había equivocado.
Ese era mi día. Todo este tiempo esperando y no tenía
ningún discurso que dar. Rápidamente me llevaron
con ellos a un patio para conocernos mejor. Hablé largo
y tendido con Taffy. Ella me explicó que vivía
fenomenalmente, más no podía pedir. Salían
a hacer barbacoas al campo, nadar en los ríos, jugar
al aire libre, comida, mucho cariño, de todo. Qué
envidia. Sólo quedaba por ver que decían los
dueños. A ver si yo les gustaba. Sólo había
algo triste en todo ello. Yo iba a ocupar el sitio que había
dejado otro compañero, Dandy. Por lo visto, Dandy había
sido un perro de obra. Había vivido en una obra lleno
de garrapatas, anémico y que cuando ya no era utíl
fué abandonado. La fortuna quiso que fuera recogido
y adoptado por ellos. Todo habría sido perfecto si
no fuera por que seis años más tarde murió
envenenado por alguien al que evidentemente no le gustábamos
y se dedicó a poner bolas de carne envenenadas por
dónde paseaba Dandy. Él y otros quince murieron
por culpa de los actos de un desalmado sin nombre.
Y se decidieron !! La verdad es que ya lo habían decidido
antes, la primera vez que me vió el gordito (se llama
Paul por cierto). Con prisas me despedí de todos, me
vacunaron, y al coche (ya ni me acordaba de lo de montar en
coche. Ahora ya estoy acostumbrado). Mi vida ahora. Perfecta.
Gordita como todos los de la casa y lo mejor de todo: soy
una más de la casa. Mi cunita, mis juguetes, mis chuches,
etc. Todo ello lo comparto con dos gatos y, por supuesto,
Taffy con la cuál juego y comparto todo. Algún
roze tenemos de vez en cuando, pero poca cosa (Taffy siempre
quiere mandar si hay chuches de por medio). ¿Mis dueños?
No me aparto de ellos y así siempre me están
haciendo mimos y rascandomé la tripa. Cuando tengo
frío duermo con ellos si quiero. Es fabuloso, y lo
único que puedo decir es que por ellos daría
mi propia vida si fuese necesario. Lo único que deseo
ahora cuando veo una estrella fugaz es que todos mis compañeros
habidos y por haber de la SPAP-Alcalá encuentren lo
que yo he encontrado y que no haya más perros abandonados.
Como seguro que no se cumplirá el deseo pronto, os
pido que ayudeís a SPAP-Alcalá como buenamente
podaís. Yo y todos nosotros os lo agradeceremos.
Saludos de Pulgarcita (ahora Blacky).

| Versión
para imprimir |
 |
|