|
Relato
corto de la adopción de Tula
En una carretera de cuyo nombre ni me acuerdo, en la provincia
de Madrid, nos desviamos por un camino de tierra... Objetivo:
llegar al Albergue de la Sociedad Protectora de Animales de
Alcalá y adoptar un perro. 
A medida que llegamos, oímos millones de "guaus",
"guaus", "guaus". Carlos nos enseña
cada jaula o chenil y... ¿qué veo? Pues ni más
ni menos que más de 100 huérfanos de cuatro
patitas, todos ellos de pie, apoyados en la puerta de su chenil,
alterados, nerviosos, moviéndose sin parar y, a medida
que nos acercábamos, todos nos daban lametones y besitos
en las manos, nos hacían muecas, se movían locos
de contentos, mirándonos con los ojos llenos de esperanza.
Sí, queridos amigos, todos los perros allí presentes
se daban cuenta, en directo, que había una pareja paseando
por sus cheniles, con la intención de adoptar a uno
de ellos... Era impresionante, cada huérfano nos hacía
señas, ladraba, empujaba a su compi de chenil para
hacerse hueco, para que le viésemos mejor, como queriendo
destacar... Si pudieran hablar, fijo que nos dirían
: "¡Ehhhhhhhhh!... a mí, yo, yo, yo, elígeme
a mí..."
Mientras mi pareja buscaba pacientemente con el fin de elegir
(ardua tarea), yo andando despacio, alucinado, pensando...
¿Cómo es posible que seamos tan incultos, bárbaros
y faltos de cariño en este mundo? Todos los canes allí
presentes tenían algo en común: su cara de tristeza.
¿Por qué? Muy fácil: todos, todos habían
sido abandonados por sus dueños o apaleados por gente
de mal vivir; otros simplemente habían sido "tirados",
como si de basura se tratara, por sus dueños, pues
quizás había llegado el periodo estival y sus
amos no podían llevarse al "dichoso perrito del
niño" al hotelito y/o a la playa, o incluso ya
se habían cansado del "juguete o regalo de cumple".
Otros habían nacido en la cuneta de alguna nacional
o comarcal y ¿qué era lo peor y más triste?
Estaban sin amo y un perro no encuentra razón de vivir
sin amo... Pero allí estábamos nosotros, dispuestos
a llevarnos uno para quererlo, cuidarlo y, en definitiva,
¡darle amor!
En la SPAP de Alcalá, todos los huérfanos
que se encontraban en el Albergue estaban atendidos y muy
cuidados, ni delgados ni gordos, vacunados, sanos, limpios,
todos preciosos... ¡Ummmm!, me hubiera llevado todos.
¿Razas? ¡que pregunta os hacéis! Y qué
más da, si nos darán todo lo que podemos desear,
o sea: compañía, cariño, fidelidad y
agradecimiento eterno. ¿Grandes? ¿Pequeños?
De todo, como en la viña del señor. Sobre gustos
no hay nada escrito, ¿verdad?
De repente, mi pareja se fija en "Tula". Estaba
en su chenil, junto a dos mastines tipo "Morrosko de
Cestona", que no la dejaban ni acercarse a la reja de
la puerta, no fuera a quitarles protagonismo a su señal
de "SOS" "MAYDAY" o, en cristiano, la
búsqueda de amo. Paseamos a "Tula" en un
area reservada a "padrinos". ¡Qué bien,
qué cariñosa es "Tula", qué
maravilla! Enamorados caímos en el acto. "Tula"
no había salido en casi 4 años del Albergue
y en medio del campo, desconocía nuestra "querida
civilización", no conocía el asfalto, ni
el ruido de los coches, ni los bancos, ni las guerras, ni
nada de nada, sólo el Albergue y a sus abnegados voluntarios,
impagables salvo por su satisfacción y coraje personal.
¡Olé! a todos ellos.
Nos vamos a casa con "Tula", cartilla, chapas,
"ITV" pasada, felices... "Tula" y yo ya
estamos juntos, para siempre.
Tito Ayulo Kelly

| Versión
para imprimir |
 |
|