Pasó
un tiempo en una finca y de repente, aquel que
se hacía pasar por su dueño, se
marchó de allí y le dejó
olvidado, sin agua y sin comida. De vez en cuando,
alguien se apiadaba de él y le ofrecian
algo para poder sobrevivir.
Ahora Rober se encuentra en nuestras instalaciones,
donde no le falta agua, ni comida, ni cariño,
pero si el calor de un hogar y la necesidad de
conocer una verdadera familia.