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Cuando nos planteamos adoptar un animal y hayamos decidido
que tenemos las posibilidades y las ganas de dedicarle una
gran parte de nuestro tiempo libre a un perro, queda por pensar
si será cachorro o perro adulto.
El factor más importante a tener en cuenta no es la
edad del perro a adoptar, sino su carácter y su adecuación
a nuestro estilo de vida. Hay que tener siempre presente que
el carácter de nuestro animal de compañía
debe ser afín al nuestro, ya que a partir de su entrada
en el hogar, él será un miembro más de
la familia.
Si queremos un cachorro, tenemos que tener en cuenta que
durante el primer año de su vida tenemos que dedicar
toda nuestra energía y nuestro tiempo libre a su educación,
para hacer posible una convivencia agradable. Tenemos que
saber que la “ventana” de la socialización de un perro
se cierra alrededor del cuarto mes de su vida y que hasta
entonces le tenemos que exponer a todas las situaciones de
la vida urbana que le puedan dar miedo. Que luego el perro
se seguirá desarrollando durante unos meses más,
pasará por la fase de “adolescencia” y se buscará
su sitio en la sociedad humana igual que en la canina de su
entorno.
Si no sabemos como guiar a nuestro amigo perruno por estas
etapas de su vida, con amor, paciencia, sabiduría y
una buena educación, el fracaso ya estará asegurado.
Si hemos decidido que tal vez no podremos – por falta de
experiencia o tiempo- guiar un cachorro por las primeras etapas
de su vida, será mejor pensar en la adopción
de un perro ya más mayor ¿Por qué?
1.- El perro adulto ya tiene su carácter definido.
En la Protectora les conocemos y podremos aconsejaros sobre
el que mejor se pueda adaptar a vuestro tipo de vida.
2.- Un perro adulto ya no cambiará su aspecto ni su
tamaño, y así no nos llevaremos sorpresas más
adelante.
3.- Los perros adultos ya han madurado y tienen más
habilidad para centrarse en nuestra educación, por
tanto asimilan con mayor rapidez y facilidad lo que les enseñamos.
4.- La adaptación de un perro adulto es rápida
y fácil, mostrando además una capacidad de agradecimiento,
fidelidad y cariño sin límites.
5.- Un perro adulto equilibrado ya no tiene tendencia a mordisquear
los muebles, zapatos, alfombras o cortinas.
6.- Un adulto casi siempre, es más tranquilo que un
cachorro, lo que le facilita mucho aprender a quedarse solo
durante algunas horas del día.
7.- Muchos perros adultos ya saben que “se hacen las cositas
en la calle, no en casa”
8.- Los perros adultos nos dejan dormir por las noches, conociendo
ya los horarios y ritmos humanos.
9.- Perros un poco mayores normalmente aceptan más
fácilmente su sitio dentro de la jerarquía familiar,
porque ya han aprendido a subordinarse y ya no son perros
adolescentes queriendo ser líder.
10.- Un perro adulto puede acompañarnos enseguida
en actividades como senderismo, vacaciones, Agility u otros
deportes.
11.- Los perros adultos nos dejan más tiempo para
nosotros mismos, ya que no demandan tanta atención
y tanto tiempo como un perro joven o un cachorro.
La experiencia nos ha mostrado que el adoptante de perro
adulto muy pocas veces se arrepiente de la decisión
tomada, por todos los motivos anteriores y los personales
de cada uno. Y la mayoría coincide en que es una experiencia
que volverán a repetir cuando su fiel amigo ya no siga
a su lado.
Después de todo, lo más importante no debería
ser cuánto tiempo vamos a poder disfrutar de nuestro
amigo, sino la calidad de vida que podemos brindarle. Ya que
hemos decidido darle la oportunidad que nunca tuvo al adoptarlo,
ofrezcámosle una vida digna y agradable. En este caso,
la calidad de vida es más importante que la cantidad.
TESTIMONIO
Hola a todos, me han pedido que os cuente la experiencia
de adoptar un perro adulto: para mi, inmejorable. No entiendo
muy bien, la manía de todo el mundo por querer cachorros,
olvidándose que existen muchísimos perros adultos,
que también tienen derecho a que se les quiera y se
les cuide. Tienen además muchísimas ventajas:
no necesitas enseñarles, parece que ya saben lo que
está bien y lo que está mal, lo cual hace que
requieran menos tiempo, son tranquilos y muy muy cariñosos,
y no están obsesionados con jugar, jugar y jugar.
El
año pasado, adopte a Baghira, una preciosa setter irlandés,
que iba vagando por la carretera; ella es mi princesa; tiene
once años, cuando entró en su nuevo hogar, por
primera vez, creí que me destrozaría las plantas,
se comería las flores, y que se haría pis en
casa (como hacen los cachorros), y que no haría ni
caso, a una camita que le compré. Para mi sorpresa,
entró, olisqueó toda la casa, la terraza, no
se comió, ni ese día ni los siguientes ni las
plantas, ni las flores, y se tumbó cómodamente
en su camita. La saqué a la terraza (tengo un ático),
y la dije que ahí podía hacer sus cosas; la
verdad, no tenía mucha fe de que no se lo hiciera en
casa, pero, llegado el momento, salió a la terraza,
dio unas cuantas vueltas por ella...y al final hizo pis! yo
no me lo podía creer...lógicamente tuvo premio.
Las primeras noches, siempre me despertaba alguna vez a lo
largo de la noche, y me lamía la mano, luego se volvía
a su camita otra vez (igual para comprobar que seguía
allí, con ella).
Cuando íbamos al parque, todo el mundo me decía
que porque estaba tan delgada(cuando la adopte se le marcaban
todos los huesos), y les explicaba que la había adoptado,
y casi nadie comprendía que la hubiese adoptado siendo
un perro tan mayor, pero al mismo tiempo, se alegraban mucho,
y me decían que la había salvado, y que suerte
había tenido de encontrarme. Yo siempre les explicaba
que la vi por Internet, vi su foto, y me enamoré de
esa cara de buena, me da igual que tuviera diez años;
que la suerte la había tenido yo, de encontrarla a
ella, es puro amor y cariño, y estoy convencida, que
me da mucho mas cariño del que me puede dar un cachorro.
En febrero de este año, me compré un chalet
con parcela, y pensé que era el momento de darle un
compañero a Baghira; esta vez si estaba claro que tenía
que ser otro adulto; Baghi, siendo mayor, sólo quiere
tranquilidad, y echarse sus largas siestas en algo blandito.
Miré en Internet de nuevo, y....llegó Fluck
a la familia: esa foto, con esa cara de bueno, con una oreja
arriba y una abajo. No entendía como con esa carita
nadie lo había adoptado, pero por lo visto llevaba
toda la vida en la protectora. Cuando fui a adoptarlo, me
llevé a Baghi, lógicamente, para ver si se llevaban
bien: se olieron, y ni se gruñeron ni nada, los metimos
a los dos en el coche, y los dos sentados, tan tranquilos,
como si se conocieran de toda la vida. Flucki tiene diez años,
es mestizo, una mezcla no se muy bien de que, pastor alemán
tal vez, con no se que; y es un buenazo, tan tranquilo, es
mi chico. Al llegar a casa, levantó la pata en la esquina
del sofá y psssss, le dije, no!!!, le saqué
a la terraza y le dije: se hace aquí. Ya no hizo falta
que se lo volviese a repetir, al día siguiente, directamente
salió a la terraza...y así hasta hoy.
Podría seguir escribiendo durante horas, de mi princesa
y de mi chico, y no podría decir nada malo de ellos.
Jamás me he arrepentido de adoptar dos perros mayores,
todo lo contrario. Se que se me morirán pronto,(la
verdad es que esto no lo pienso nunca, sólo cuando
me lo dice la gente, porque además son grandes, y se
supone que los grandes viven menos que los pequeños),
pero me habrán aportado tanto amor, y tanto cariño,
y disfrutaré sabiendo que sus últimos años,
los han vivido tranquilos, con alguien que les ha querido
con locura, y felices, porque se les ve tan felices, que te
transmiten esa felicidad, además de serenidad y tranquilidad,
algo bueno, en este mundo lleno de stress, y de nervios por
todas partes.
Con esta carta, me gustaría animaros a todos, para
que, si estáis pensando en tener un perro; primero
lógicamente, no lo compréis, sino que lo adoptéis,
y segundo para que adoptéis perros adultos, de verdad
que nunca os arrepentiréis. Os mando unas fotillos
para que nos conozcáis. Un saludo muy fuerte. ANA,
BAGHIRA Y FLUCK.
Ana Mª Castro Miranda
“adoptante de Fluck”
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