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NECESITAN UNA CASA DE ACOGIDA

¡TE NECESITAN!

La APAP-ALCALA busca hogares muy especiales, estamos buscando casas de acogida para nuestros veteranos, son animales que llevan toda la vida con nosotros y que no han conocido más hogar que el albergue. Nadie les ha dado una oportunidad y están llegando al final de sus vidas, y lamentablemente nadie se fija en ellos precisamente por esto mismo, no ven que son perros tranquilos, buenos, muy cariñosos , que tienen tanto que dar, pero por su edad nadie les quiere.

Necesitan una casa de acogida para pasar sus últimos años, donde tengan una calidad de vida más adecuada para su edad que nuestro albergue, donde el verano es muy caluroso y el invierno muy frio, donde disfruten de una camita cómoda para sus huesos cansados y donde reciban mucho cariño y tengan paciencia con sus pequeños achaques.

La APAP-ALCALA se hace cargo de todos los costes, tu solo tienes que poner el hogar.

Escribenos a nuestro correo apap@apap-alcala.org, ellos te están esperando.

Test a rellenar para ser casa de acogida.

CASOS DE EXTREMA URGENCIA

Carda

Avanzadilla

Linda

Video aparecido en el programa España Directo en la APAP Alcalá en el que se hablan de las casas de acogida. Ver vídeo

 

MI EXPERIENCIA COMO CASA DE ACOGIDA (Un testimonio real)

Todo empezó en Enero del 2006, al mes de emanciparme de casa de mis padres. Conocía por mi amiga Mónica a la APAP y la necesidad de ésta organización de casas de acogida para poder rescatar a gatitos abandonados.

Un buen día, comiendo con Mónica y Susana, otra amiga, le dije: “Oye Moni, ¿y si acojo yo gatos ahora que puedo hacerlo?”. La sonrisa la llegaba de oreja a oreja, y sus palabras fueron: “Anda, pues genial, tu casa sería ideal”.

Ahí quedó la cosa, y unas semanas más tarde me mandaba un e-mail diciendo que había una gatita, un caso urgente, su nombre era Lucía, tenía unos seis meses, había sido recogida de la calle, lo único que sabían de ella era que era ciega. Mónica me dijo que era muy cariñosa y me preguntó si me atrevería con este caso tan especial para empezar, sabiendo que podría tratarse de una acogida larga, ya que por su discapacidad no sería muy fácil encontrarla un hogar. Creo que no lo pensé mucho y acepté. Si mi amiga me consideraba apta pues adelante.

Lucía llegó a casa y nos presentaron, era negra como el carbón, muy confiada, cariñosa y hasta ronroneaba. No tardó en aprender dónde estaba todo y empezar a saltar al sofá y a mi cama, su lugar favorito. Fue mi primera experiencia, quizás la que más me haya marcado. Lucía me aportó a mi mucho más a nivel personal de lo que yo la pude dar en comodidades y caricias. Todavía me parece impresionante que una gatita ciega haya sobrevivido en la calle. No creo que la vida le fuese fácil con su discapacidad, sin embargo nunca mostraba ninguna queja. ¡Qué distintos somos algunos humanos que no paramos de llorar y compadecernos cuando nos ofrecen ayuda! Lucía aceptaba las caricias y hasta las buscaba. Salía a la puerta cuando volvía del trabajo y venía a despedirme todas las mañanas.

Lucía estuvo conmigo un mes. Encontró un buen hogar, junto con otro gato y tres perros. Voy a ser sincera: la separación no fue nada fácil. La adopción se hizo en el albergue, y allí me fue imposible reprimir un buen torrente de lágrimas, que fueron más al llegar a casa y darme cuenta de lo mucho que la iba a echar de menos. Pero a su vez me alegraba por ella: había encontrado una familia y un hogar. Las últimas noticias son que está estupenda y la quieren mucho.

Después de tener a Lucía me di cuenta de lo injusto que hubiese sido si yo la hubiera adoptado, ya que apenas tengo tiempo para estar con ella y estaría sola muchas horas al día. Pero si adoptar no era justo para el animal yo podría seguir haciendo de casa de acogida. Podría dar un techo, comida, cariño….. a otros felinos hasta que encontrasen un hogar definitivo.

A las dos semanas de irse Lucía vino Timmy, sólo estuvo una semana. Ya en Marzo me llegó otro e-mail de Mónica en el que me pedían acoger a tres gatitos de unas tres semanas. Por supuesto acepté, eran tres, pero bueno, así jugaban y no estarían solitos, eran hermanitos, no los íbamos a separar….Pero a los cinco minutos me llega otro correo con estas palabras: “¿Y si son cinco?”. Je,je, cinco, bueno, son pequeñitos, qué más da, dos más. “Ala, que se vengan a casa todos”, le contesté. Pero al final otras casas de acogida se ofrecieron y sólo me trajeron dos, que dijeron eran hembras. Eso sí, eran dos preciosidades: Carey y Milonguita.

Pero a los pocos días me dí cuenta de que Milonguita no era Milonguita, que a mí me parecía más Milonguito. Total, que pregunté a Mónica y Raquel, las expertas…. Y me dijeron que cómo no iban ellas a distinguirlos. Je,je…el vete lo confirmó: era macho. Así que Milonguita pasó a ser Milonguito y de venir muy débil a jugar con su hermanita y de ahí a ponerse enfermo.

Esta fue mi peor experiencia: verle malito y no poder hacer mucho por él. Dejó de moverse y de respirar en mis manos un domingo y lo pasé fatal, todavía se me saltan las lágrimas cuando pienso en él. Su hermanita fue adoptada una semana más tarde y los adoptantes están enamorados de ella.

La siguiente acogida vino unas semanas más tarde, toda una experiencia mi vida con Raúl, que así se llamaba. Raúl ya había sido abandonado de bebé y lo había adoptado, pero cuando creció y se dieron cuenta que soltaba pelo lo devolvieron a la APAP. Es lo peor que le puede ocurrir a un animal abandonado: ser devuelto por su adoptante.

Raúl cuando llegó hacía lo que quería, era un travieso y me pilló sin saber qué hacer con sus travesuras, pues a veces éstas eran peligrosas. No os lo vais a creer, pero me empeñé y le enseñé a sentarse diciendo: “Raúl, siéntate”. Llegó a tal punto el adiestramiento que Raúl venía a la cocina y se sentaba, claro que si yo no me daba cuenta maullaba para obtener su correspondiente premio. Siempre digo que si piensas en una travesura que pueda cometer un gato seguramente Raúl la hizo en mi casa. Si embargo, todo lo que Raúl tenía de travieso lo tenía de cariñoso. Aprendí mucho de él, y volví a llorar cuando nos despedimos.
Después de Raúl llegó el verano, y el verano de una casa de acogida es muy ajetreado. Llegué a tener tres gatos y una perrita. Yo encantada, pero eso sí, con unas cuantas bocas que alimentar y la limpieza de la casa.

Cuando la perrita, Rubí, se fue, también me dio mucha pena, estaba muy enferma y sabía que sería difícil volver a vernos, pero la apadriné. Rubí está en el cielo ahora, junto con Milonguito y no los olvidaré a ninguno.

En Septiembre llegaron Lady y Sir, mamá y pequeñín. Os podéis imaginar cómo se me caía la baba al verle mamar la primera vez, qué tierna imagen. Estos dos gatitos no lo debieron de pasar muy bien en la calle, y Sir venía asustado, se escondía, tenía miedo de todo. He conseguido que se me acerque, me deje acariciarle y ahora él mismo es quien pide las caricias maullando de una forma muy particular. Lady fue adoptada, pero Sir sigue en casa, junto a Anubis, que será adoptada esta semana. Sir es un gatito muy especial que se quedará conmigo hasta que alguien le pueda dar lo que necesita.

Os diré que la experiencia me está encantando, cada gato que llega es un mundo a descubrir. Pero también admito que es muy duro decirles adiós, sobre todo cuando han estado contigo una temporada alta y has compartido tantos momentos con ellos. Hay que tener en cuenta que te pueden traer un gatito enfermo y que puede ser que se recupere pero si no es así lo puedes pasar muy mal.

A los que estéis pensando en hacer acogidas también os diré que hay otras cosas que debéis considerar antes de decidiros. A veces hay que llevarles al veterinario, desparasitarlos, ponerles chips, esterilizar o castrar.

Me gustaría dar las gracias a quienes me han enseñado tanto, los gatitos, a Lucía, Raúl, Carey, Timmy, Bebo, Nilo, Susi, Bella, Bartito, Merry, Lady, Anubis, Sir…. a Milonguito, y a mi ahijada Rubí, a los que nunca olvidaré y me están mirando desde el cielo. Os quiero mucho.





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