La asociación ALA
lleva años recogiendo firmas para terminar con esta
barbaria. Desde aquí puedes descargártela
si quieres contribuir con firmas a terminar con este lamentable
"espectáculo". Firmas
(PDF 144 kb)
Si hay algo
que nos duele especialmente a los que amamos a los animales,
es el sufrimiento provocado por el simple hecho de recreo
en la tortura, en la sangre y en la muerte. Hay muchas cosas
que no sabemos de la "Fiesta".
Este fragmento sobre la tauromaquia está sacado de
un documento fuente del artículo "El placer
de dañar" de Carlos Molina para "The kid
Star Magazine".
No tiene desperdicio:
La Fiesta Brava: comienza el espectáculo
(para algunos, claro)
De
acuerdo al libro de Gilpérez, antes de entrar en
la arena, el toro ha sido sometido en el toril a una espantosa
mazmora- a horribles malos tratos y vejaciones, como la
de recortarle los cuernos, hacerle padecer el peso de enormes
sacos de arena durante horas, y en ocasiones golpearlo en
forma continua, etc. A veces se les administran cantidades
masivas de sulfatos (sales de epson) en el agua para inducir
diarrea severa, dolores intestinales y agotamiento en el
ruedo. El veterinario en jefe de la plaza de Las Ventas
en Madrid reveló que los toros reciben hasta 25 kg
de sulfatos, cuando tan sólo 4 ó 5 kilogramos
serían una dosis masiva brutal. Este veterinario
también descubrió que los toros son sedados
en ocasiones, usando Combilín, un fármaco
hipnótico y tranquilizante; a esto hay que añadir
los malos tratos que siguen, para entender por que el toro
llega al ruedo en un estado de completo desorden. Sus cuernos
son mutilados, con un doble fin: causarle dolor y disminuirlo,
y también hacerlo perder la referencia de distancias
y que sus cornadas sean poco certeras. Al final de esa tortura
prolongada, sus pies son bañados con thinner para
que no pueda quedarse quieto; sus ojos recubiertos de vaselina
para que disminuya su ya muy deficiente visión. Luego
lo golpean con instrumentos punzantes e hirientes para obligarlo
a entrar en el ruedo.
El pobre animal, despavorido, trata de
huir, sin saber que es una trampa para martirizarlo y, encima,
burlarse de él.

Empiezan las faenas. Para debilitarlo y desangrarlo, amén
de impedir que levante la cabeza, se lo somete a tres picas.
A veces no basta. El toro Almendrito fue sometido a 43 picas
en 1876. Cuando excepcionalmente un toro no está
medio muerto tras la segunda o tercera pica, se le infligen
picas adicionales hasta que ha perdido casi toda su vitalidad
y comienza a desfallecer.
La pica es, por disposición legal,
de acero cortante y afilado, y está rematada por
un arpón de 10 cm, seguido por una cruceta o varias;
la cruceta es un disco que casi siempre penetra profundamente
en el cuerpo del animal; el picador, con pericia, abre en
el toro un boquete enorme, que en promedio alcanza 40 centímetros
de profundidad, girando con saña su instrumento de
tortura, y va perforando y despedazando los órganos
internos del animal. La hemorragia así causada provoca
un torrente de sangre, que se vierte abundantemente no sólo
a través de las heridas externas, sino casi siempre
también por la boca.
Los encargados de dar muerte al toro, que siempre niegan
la crueldad de su espectáculo, aceptan sin embargo
que los puyazos deterioran excesivamente las zonas musculares
y provocan sangrías inaceptables. Los técnicos
del toreo coinciden en que un solo puyazo destroza al toro,
y prefieren que dicho destrozo sea efectuado en tres tiempos
"para mayor goce de la afición." Cuando
los veterinarios y ganaderos solicitan que disminuya el
tamaño de las puyas, lo hacen para desviar la atención,
pues ya mencionamos que la actual puya tiene una longitud
de 10 centímetros hasta la cruceta, y sin embargo
causan boquetes de hasta cuarenta centimetros a base de
empujar; girar y profundizar.
En ocasiones, el toro escapa a las picas,
y entonces, de manera discreta, es llevado de nuevo al interior
de los chiqueros, donde se le apuñala y golpea sin
piedad para convertirlo en un guiñapo antes de volver
al ruedo.
Luego
vienen las banderillas, también de acero cortante
y punzante. Algunas banderillas tienen un arpón de
8 cm, y se les llama de castigo, a las cuales es sometido
el toro cuando ha logrado zafarse de una de las picas; las
otras son un poco menos largas. Los garfios o arpones hincados
profundamente por los banderilleros en el cuerpo del toro
causan un gran dolor con cada movimiento del animal, porque
giran y se voltean, prolongando hasta el último minuto
de su vida el desgarre y ahondamiento de las profundas heridas
internas. No hay límite al número de banderillazos:
tantos como sean necesarios para dejar al toro medio muerto.
Cuando
el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra
en el ruedo en una celebración de bravura y machismo
a enfrentarse a su acérrimo enemigo: un toro exhausto,
moribundo y confundido. El torero hace entonces las suertes
con el capote, rojo no porque este color excite al animal,
que es ciego a los colores, sino para que no se note la
sangre que salpica. En otras ocasiones, se torea a caballo.
El rejoneador coloca las banderillas en el toro, y al final,
el toro será muerto por el rejoneador, ya sea a pie
o a caballo, usando una especie de lanza llamada "rejoneador
de la muerte." La suerte de los caballos utilizados
es similar a la de los caballos de los picadores. Finalmente,
se le da la puntilla para intentar seccionar la médula
espinal. Si la médula no es seccionada sino sólo
dañada, el toro no está realmente muerto,
sino con un cierto grado de parálisis y es arrastrado
vivo y consciente. Para citar sólo un caso, en Murcia,
en septiembre de 1979, el toro se levantó cuando
era arrastrado. Aun en el caso de que la médula sea
seccionada, la cabeza del toro queda sensible durante unos
minutos, por lo que siente perfectamente el dolor al cortarle
las orejas. En realidad, casi nunca llega el toro muerto
al segundo acto de la carnicería, en la trastienda
de la plaza donde no hacen falta lentejuelas para descuartizar.
Argumentos utilizados con frecuencia
por los taurófilos.
Quienes desean la abolición de las
corridas de toros suelen confrontarse con personas que gozan
de estos espectáculos. A continuación, se
hace un listado de los argumentos más utilizados
por los taurófilos, y sus respectivos contra-argumentos.
Vale la pena recordar, sin embargo, que pocas veces es útil
y productivo iniciar tal tipo de debates con personas que,
al verse acorraladas por la razón, reaccionan en
forma poco inteligente, utilizando palabras altisonantes
o incluso la violencia.
El toreo es arte
Es el argumento más usado por los
taurinos y el primero que les sale de la boca, al tiempo
que es el más confuso. ¿A qué se refieren?
A veces lo quieren decir es que el toreo ha sido el tema
para obras de arte, en concreto y de forma recurrente citan
la "Tauromaquia" de Goya y "El llanto por
la muerte de Ignacio Sánchez Mejías"
de Federico García Lorca, o algunas de las novelas
de Erriest Hemingway. El contra argumento es sencillo: también
se han realizado espléndidas obras sobre las guerras
o el martirio de los santos y evidentemente no por ello
estas son costumbres que se deben conservar. Otras veces
se refieren a que el toreo es un arte en sí. A pesar
de la plasticidad que puede tener, el toreo no pasa de ser
una colección de técnicas destinadas a la
consecución de la muerte del toro, y que no existe
en los toreros ninguna intención artística
o de expresar ningún sentimiento, limitándose
a ser una macabra artesanía. Curiosamente, el innovador
Carlos IV prohibió las corridas mientras que Fernando
VII, quien cerró las universidades y prohibió
la Constitución liberal, las volvió a permitir
y bajo su reinado se abrió la primera escuela de
tauromaquia en Sevilla. En 1980, la UNESCO, agencia de la
ONU encargada de la ciencia, el arte y la cultura, dictaminó
al respecto: "La tauromaquia es el terrible y vanal
arte de torturar y matar animales en público, según
unas reglas. Traumatiza a los niños y los adultos
sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos
por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación
entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío
mayor a la moral, la educación la ciencia y la cultura.
"La cultura es todo aquello que contribuye a volver
al ser humano más sensible, más inteligente
y más civilizado. La crueldad que humilla y destruye
por el dolor jamás se podrá considerar cultura".
Precisamente por ello, los toreros y sus
cuadrillas suelen provenir de las capas más desfavorecidas
de la población, donde la incultura es mayoritaria.
La cultura de la crueldad, como la cultura del dinero no
tienen nada que ver con La Cultura. Es más fructífero
enfocar el tema de forma que, admitiendo sin conceder que
las corridas sean un arte, esa no es razón suficiente
para conservarlo a costa, en este caso, del sufrimiento
del toro.
El toreo es cultura
Es un sub-argumento del anterior, que se
completa con la declaración de que el toreo es tradición.
Si se acepta que cultura es "el resultado o efecto
de cultivar los conocimientos humanos y afinarse por medio
del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre,"
no queda mucho en pie del sub-argumento. Aun así
por una extraña magia las corridas se convierten
en cultura, no son razones para defender la crueldad con
los animales. Culturalmente, en la antigua Roma, se mataban
a los cristianos, pero eso se superó. También
era tradición y parte de la cultura taurina que los
caballos de los picadores salieran sin peto, y esa tradición
o cultura ha desaparecido por salvaje. Si realmente el toreo
fuera cultura, generaría a su alrededor un ambiente
cultural, de la misma forma en que el arte, la ciencia,
la historía y otras disciplinas que desarrollan y
afinan el espíritu de quienes las practican, lo hacen.
Esto en el caso de los toreros no se da, no hay una ilustración
especial en ellos por el hecho de dedicarse a esta supuesta
actividad cultural. En Andalucía, la llamada cuna
del toreo, desconocen que Blas Infante, el "padre de
la patria Andaluza" como gustan llamarlo, era un acérrimo
antitauríno y autor de un decálogo en favor
de los animales.
El toreo es tradición
Las corridas tienen su verdadero origen
en las prácticas militares de las maestranzas en
las que se adietraban a los soldados para la guerra haciéndoles
practicar la lanza con el toro. Para paliar el peligro que
corrían jinetes y caballos se contrataron mozos equipados
con trapos cuyo cometido era distraer al toro.
La llegada de Felipe V contrario a las
prácticas taurinas, alejó a los nobles del
alanzamiento de toros pero los mozos siguieron mostrando
sus habilidades en algunos pueblos a cambio de dinero. De
hecho, hasta fluales del siglo XVIII las corridas no gozaron
de popularidad. La primera plaza de toros no fue construida
hasta 1749, época en la que la Inquisición
se muestra más poderosa y multiplica los autos de
fe. En esos tiempos, las torturas y ejecuciones, tanto de
seres humanos como de animales, estaban a la orden del día.
Aun así, lo que interesaba era la muerte del toro
y la faena era muy corta. La tortura sistemática
habría de instaurarse en tiempos supuestamente menos
oscuros.
Cuando se dice que el toreo es tradición
es porque se carece de una perspectiva histórica:
el toreo de a pie tal como lo conocemos tiene relativamente
pocos años y además esta cambiando continuamente.
El defender lo tradicional por el simple hecho de serlo
significa que se renuncia al derecho a la crítica
y al progreso, descansando nuestra responsabilidad en generaciones
anteriores. Curiosa también es la selectividad de
lo que consideramos como tradición. Criar los animales
en libertad con alimentos naturales, el cultivo del barbecho
en lugar del abono indiscriminado, la fabricación
artesanal, el uso indiscriminado de pesticidas y la tala
inmoderada, son conductas tradicionales que se van abandonando,
en aras al progreso material.
Estar sometidos al dictado de la tradición o de la
cultura inmovíliza a una sociedad.
El toreo es la expresión
de la religiosidad de un pueblo
Al coincidir las ferias taurinas con las
fiestas católicas se ha establecido una curiosa relación
entre ellas. inexplicablemente, la Iglesia Católica
apenas ha puesto impedimentos a esta relación que
va en contra del espíritu de piedad, respeto a la
vida y compasión que anima a la religión.
Así y a pesar de la doctrina general de la iglesia,
y del reconocimiento del alma animal, los párrocos
aceptan capotes bordados como ofrenda a la Virgen y permiten
que las corridas sean en homenaje a los santos locales.
Sería necesario que los estamentos religiosos clarificaran
la postura oficial y la hicieran cumplir.
Dato curioso:
El Papa San Pío V solicitó
a un grupo de españoles ilustres informes de primera
mano sobre las corridas, y sobre su base promulgó
el 1 de noviembre de 1567 la bula "De salutis gregis
dominici" en la que "deseando que estos espectáculos
tan torpes (vergonzosos) y cruentos, más de demonios
que de hombres, queden abolidos en los pueblos cristianos";
dictaba pena de excomunión a los emperadores, reyes
y cardenales que los consintieran, a los clérigos
que asistieran a ellos, y se negaba la sepultura cristiana
a los toreros muertos en el transcurso de alguna lidia.
En 1920 el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Gasparri,
escribió que "la Iglesia continúa condenando
en alta voz, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos
sangrientos y vergonzosos espectáculos".
Monseñor Mario Canciani, consul
de la Congregación para el Clero de la Santa Sede,
decía que todo aquel que muriese en una corrida de
toros está condenado al fuego eterno. "Hoy,
muchos laicos que luchan denodadamente contra la corrida
se preguntan qué ha hecho la Iglesia contra esta
ignominia".
Igualmente, según la investigación
histórica de Monseñor Cancianí, todos
los que frecuenten estas fiestas como actores o espectadores,
están excomulgados. (Diario 16, 5 dejunio de 1989).
Juan Pablo II, haciendo un estudio de la
Biblia, recuerda que "el hombre, salido de las manos
de Dios, resulta solidario con todos los otros seres vivientes,
como aparece en los Salmos 103 y 104, donde no se hace distinción
entre los hombres y los animales." La conclusión
del Papa es que la "existencia de las críaturas
depende de la acción del soplo-espíritu de
Dios, que no sólo crea, sino que también conserva
y renueva continuamente la faz de la Tierra."