| ¿Qué
oculta la carpa del circo?
¿Es realmente el mundo de ilusión que nos quieren
enseñar?
Conoce lo que se esconde detrás de él.
Con la llegada de las Navidades, aparecen
los circos en las ciudades, si bien estos son espectáculos
culturales para el entretenimiento u ocio, este ha de ser
compatible con el respeto hacía otros seres vivos.
Ecologistas en Acción se manifiesta en contra de los
circos con animales y solicita a los ciudadanos que no acudan
a estos espectáculos
Muchos
circos utilizan animales salvajes en cautividad para sus actuaciones,
tales como osos, elefantes, tigres, monos o leones. El comportamiento
de estos animales en cautividad está lleno de características
anormales como idas y venidas, automutilaciones, golpearse
la cabeza, balanceos, o morder los barrotes de las jaulas.
Cuando no hay representación los animales del circo
pasan la mayor parte de su vida atados o encerrados en jaulas,
en las que apenas tienen movimientos y en las que han de comer
y hacer sus necesidades, además de viajar en camiones
por todo el país, con condiciones climatológicas
en muchos casos adversas a sus características fisiológicas.
La forma de estancia y confinamiento de los animales en los
circos es totalmente opuesto a lo que necesita el animal,
lo que constituye en sí un maltrato desde un punto
de vista fisiológico y etológico.
Existen denuncias sobre el maltrato que sufren los animales
en el entrenamiento, como la extirpación de garras
en los felinos para evitar accidentes, o la extirpación
de dientes incisivos en los chimpancés, así
como la utilización de varas, palos y látigos.
Asimismo muchos de los animales que están en los circos,
han sido capturados del medio natural, sustituyendo su forma
de vida en libertad y de acuerdo a su especie, con la cautividad
y una forma antinatural de vida.
Si
bien el niño se siente atraído por poder observar
en vivo a estos animales, el adulto ha de ser consciente del
sufrimiento que estos espectáculos implican. Al tiempo
que se está dando al niño una educación
contraria al respeto y disfrute de poder observar a los animales
en libertad y no a explotarles y observar comportamientos
antinaturales.
Sería conveniente que la sociedad se planteará
si es necesario el sufrimiento de estos animales para su propia
diversión. Ecologistas en Acción considera que
este tipo de espectáculos no están en consonancia
con una sociedad que avanza hacía el respeto y la convivencia.
De hecho los circos más progresistas buscan la audiencia
mediante la destreza de sus artistas y no mediante la explotación
animal.
Actualmente España, a diferencia de otros países
europeos, carece de una legislación específica
que regule las condiciones de vida de los animales en los
circos. Cada vez son más los países que prohiben
los circos con espectáculos animales: como Canadá,
Finlandia, Suiza, Suecia, Dinamarca, o el caso más
reciente de Río de Janeiro (Brasil).
Por todo ello Ecologistas en Acción pide un circo
sin animales, y pide a los ciudadanos que si van estas Navidades
al circo, que este sea sin animales.
Cuando la gente escucha la palabra circo, piensa en pocholo,
dulces, animales "salvajes" y diversión.
Sin embargo, detrás de la magia del circo se esconde
todo un mundo de sufrimiento animal. Estos animales, son obligados
a participar de un show que termina afectando su salud física
y mental.
¿QUE SE ESCONDE TRAS LA MAGIA
DEL CIRCO?
El transporte puede ser una tortura
Algunos
de los circos más importantes viajan durante aproximadamente
48 semanas al año, cubriendo enormes distancias. La
programación de los circos está hecha para maximizar
la cantidad de espectáculos, no para alivianar el sufrimiento
de los animales. En verano, algunos circos viajan a zonas
de altas temperaturas en busca de público, obligando
a los animales a padecer calores extremos dentro de los vehículos
de transporte. Lo mismo ocurre en invierno con las zonas de
bajas temperaturas.
Los animales son transportados en camiones o trenes. Los
tigres viajan en jaulas, tan pequeñas, que no pueden
siquiera voltearse. En estas jaulas deben comer, dormir y
defecar hasta llegar a destino. Por lo general, los animales
no bajan de los transportes apenas llegan al lugar del espectáculo,
esto es debido al tráfico vehicular, o porque han llegado
más tarde o temprano de la hora señalada. En
este caso, los animales son forzados a esperar dentro de los
vehículos durante horas bajo condiciones extremas de
temperatura.
Entrenados con miedo
Los circos obligan a los animales a realizar actos que no
tienen ninguna semejanza con lo que estos animales están
acostumbrados a hacer en estado salvaje. Estas actividades
antinaturales van desde un tigre saltando a través
de un aro en llamas a osos montando bicicletas. Los animales
salen muchas veces lastimados mientras practican estos trucos,
por ejemplo tigres que sufren quemaduras. Para entrenar a
estos animales, con el objeto de que realicen actividades
antinaturales, se necesita látigos, collares de ahorque,
instrumentos para picar eléctricos, ganchos de metal
y otras herramientas. Cuando vea elefantes, podrá apreciar
que los empleados del circo portan una herramienta llamada
ankus (vara de madera con un filoso gancho en la punta) la
cual se utiliza para evitar comportamientos no deseados. El
ankus, se aplica en las zonas más sensibles del elefante,
como los pies, atrás de las orejas, bajo el mentón,
dentro de la boca y otras zonas de la cara, además
de que muchas veces se utiliza directamente para golpear al
animal.
La vida de constante confinamiento y frustración
que llevan estos animales, los conduce a estados neuróticos.
Se puede ver en los comportamientos estereotipados, como se
el balanceo de la cabeza en los elefantes y el movimiento
constante de los tigres dentro de las jaulas. Estas actitudes
son síntomas claros de un stress psicológico
muy profundo. En estado salvaje, los elefantes viajan grandes
distancias y en grupo. En los circos, salvo cuando deben actuar,
pasan el día encadenados por las dos patas, lo que
les imposibilita caminar. Es sabido que los elefantes forman
fuertes lazos familiares, sin embargo, en los circos estas
familias no existen o están separadas.
Los animales de circo no proveen una verdadera herramienta
educativa para el público, ya que son forzados a realizar
trucos que no harían en forma natural si estuvieran
libres. Lo único que los niños ven es animales
desesperanzados que realizan lo que el medio hostil y antinatural
les pide.
La seguridad pública: una causa de preocupación
Tener
animales en los circos es una amenaza para la seguridad pública.
El hecho de que haya animales salvajes en las calles debe
ser para las comunidades una causa de preocupación.
Cuando los animales son transportados en trenes, deben ser
conducidos al sitio donde se instalará el circo. Los
animales y el tráfico están codo a codo en las
calles. Además de las extremas temperaturas, deben
pisar en asfalto caliente, no tienen acceso a agua, árboles
o un pequeño charco de barro. Los entrenadores muchas
veces privan a los animales de comida y agua para reducir
la cantidad de excremento y como forma de entrenamiento.
Se han escapado elefantes de varios circos, provocando grandes
daños, lastimando y matando personas. Desde 1990, 18
personas han muerto en Estados Unidos, y 86 resultaron heridas.
En 1994, un elefante llamado Myke mató a su entrenador,
y escapó por las calles de Honolulu, Hawaii, lastimando
a varios espectadores y dañando propiedad privada.
La policía terminó dando muerte a Myke frente
al público. Otros accidentes han sucedido debido a
elefantes que se asustaron con las bocinas de los autos. Existen
varios casos de tigres que han matado a sus entrenadores y
escapado, atemorizando a comunidades enteras.
Estudios realizados a elefantes de circo, han revelado que
muchos están infectados con tuberculosis proveniente
de humanos. Estos animales muestran mayores problemas inmunológicos
desde que están en contacto con humanos, ya sea durante
los comerciales o cuando pasean niños en sus lomos.
Circos divertidos:
Existen circos que son divertidos y no promueven el abuso
de los animales. Estos circos sin animales ofrecen un maravilloso
espectáculo para la familia, llenos de suspenso y entretenimiento,
pero más importante, sin sufrimiento animal.
Fuente: In Defense of Animals
Traducción: Facundo Moyano
LOS
CIRCOS: LA CRUELDAD NO ES ENTRETENIMIENTO
Así
como muchos niños tienen el sueño de correr
de sus casas para unirse a un circo, los animales que están
ahí, que son obligados a actuar y a hacer diferentes
actos, tienen el sueño de salir corriendo del circo
y regresar a sus hogares. El colorido y la música del
circo distrae el hecho de que los animales en el circos están
atrapados y son forzados a hacer actos no naturales y dolorosos.
Los circos perderían todo su esplendor si los detalles
de su maltrato, captura, entrenamiento y “retiro” fueran dados
a conocer.
Los animales en los circos pasan años con las patas
encadenadas. A menudo, se les obliga a dormir de pie en camiones
apretados, deben actuar aunque se encuentren enfermos, y constantemente
reciben amenazas de castigo con grandes ganchos puntiagudos
clavados en sus pieles sensibles, en sus caras, en los dedos
de los pies y detrás de las rodillas. Los elefantes
son entrenados a la fuerza. Es parte de la práctica
el golpearlos, pegarles, asustarlos, encadenarlos y darles
latigazos para hacer que realicen trucos estúpidos
que no pueden comprender. Para "amansar" a los elefantes
bebés recientemente capturados deben ser atados y golpeados
a diario durante un mes.
De África a las Cadenas:
En sus hábitats naturales, los elefantes son sumamente
sociales, hurgando en busca de alimentos, criando a sus bebés,
haciendo largas caminatas y jugando todos juntos. El circo
los priva de toda su libertad y vida en familia.
SIN RECURSOS, SIN DIVERSIÓN
Muchos
circos no tienen mucho dinero y como resultado, los animales
que usan sufren de un cuidado inadecuado. Muchos de los animales
que son grandes y naturalmente activos, son forzados a pasar
la mayor parte de su vida en pequeñas jaulas y únicamente
son sacados por periodos de tiempo cortos, para entrenar o
actuar. Un defensor de animales, que trabajo clandestinamente
para el un circo que estaba de gira, estaba sorprendido al
ver que ni siquiera eran capaces de dar a los animales la
suficiente agua. Este tipo de circos “rodantes” visitan aproximadamente
150 ciudades al año y una provisión de agua
limpia no siempre se encuentra en cada localidad. Como resultado
se les limita el agua y la limpieza de las jaulas y de los
animales no es una prioridad, causándoles mucha penalidad
a animales como los elefantes a quienes les gusta bañarse
constantemente. La comida al igual que el agua, también
es limitada. Climáticamente, el medio ambiente de un
circo es muy distinto a de los hábitats de los animales.
El caliente verano puede ser especialmente duro en animales
como osos, mientras que los leones por ejemplo sufren mucho
en el frío. George Lewis, quien viajó con el
famoso circo Ringling Bros comentó: “Cuando fuimos
a descargar las jaulas de los elefantes, vimos que el largo
viaje había causado estragos en un uno de ellos, el
elefante se encontraba tirado y muerto en la jaula”. Veterinarios
calificados para tratar a este tipo de animales no siempre
están presentes y los animales tienen que sufrir y
morir por la falta de atención médica, como
siempre los animales siempre son los únicos en pagar
las consecuencias. Durante el invierno, cuando los circos
están fuera de temporada, los animales son mantenidos
en las jaulas en las que son transportados o muchas veces
en los camiones. Muchos circos no tienen los recursos ni los
deseos de poner mucho dinero en refugios confortables para
los animales en invierno cuando no están en temporada.
Este encierro, provoca un gran daño físico y
psicológico en los animales.
ACTOS NO NATURALES
El
castigo físico ha sido por mucho tiempo el método
clásico de entrenamiento en los circos. Muchas especies
son menos capaces de adaptarse a técnicas de entrenamiento
que otros y como resultado sufren de una gran tensión
nerviosa durante estas lecciones. Algunos animales son drogados
para que sean mas “dóciles” y a muchos otros se les
quitan los dientes. El entrenador de animales Pat Derby dice:
“Después de 25 años observando y documentando
circos, se que no hay entrenadores bondadosos”. Los patrocinadores
de circos muchas veces se sorprenden, como en el caso de el
famoso entrenador Gunther Gebel-Williams quien ha sido filmado
en muchas ocasiones latigueando animales.
Un ex-empleado del circo Ringling Bros, dijo al comité
sobre como el circo había tratado a uno de los animales.
“Ella era una inocente osa color café que nunca le
hacia daño a nadie, pero en algunas ocasiones le costaba
mucho trabajo poder mantener el equilibrio en la cuerda floja.
Entonces como castigo era golpeada con largas varas de metal
mientras que gritaba y sangraba. Se volvió tan neurótica
que golpeaba su cabeza contra los barrotes de su pequeña
jaula. Finalmente la osa murió.” Un reportero del “Hudson
News” quien viajó con Ringling Bros. reporto en un
artículo con fecha de agosto 8 de 1986, sobre el “entrenamiento”
de un chimpancé. “era repetidamente golpeado con palo
muy pesado Los golpes se podían escuchar desde afuera
de la arena y los gritos del animal mucho mas lejos todavía.
Los actos que los animales son forzados a hacer como osos
balanceándose en pelotas, changos en motocicleta, elefantes
parados en dos patas, son actos físicamente incómodos
y definitivamente no naturales. Los látigos, collares
apretados, instrumentos para picar eléctricos, ganchos
de metal, y otras herramientas usadas en el espectáculo,
son un recordatorio de que los animales son forzados a actuar.
Estas “actuaciones”no le enseñan nada al público
sobre los animales ni sobre su comportamiento natural. Los
animales en el circo siempre son mostrados como feroces o
estúpidos comparados con la valentía y mando
de sus contrapartes humanos, su verdadera naturaleza jamás
se demuestra.
UNA VIDA DE SOLEDAD
Cuando los animales ya no sirven para actuar, son permanentemente
relegados a estar aislados en jaulas o vendidos a circos sin
dinero, zoológicos, campos de tiro (donde los cazadores
practican disparándoles) o son vendidos como carne
“exótica”. Así sus vidas llegan al final sin
haber vivido un sólo momento de comodidad o tranquilidad,
siempre encerrados intimidados y en miseria.
UNA INDUSTRIA QUE SE ACABA
Conforme más gente se ha ido enterando de la crueldad
envuelta que hay con los animales, muchos circos están
encontrando menos lugares donde poner sus grandes carpas.
El uso de animales para entretenimiento se ha restringido
e incluso prohibido en algunos paises como Suecia, India,
Finlandia, Suiza, y Dinamarca. A los circos en Inglaterra
por lo regular se les niegan los permisos y en los Estados
Unidos muchos gobernadores han prohibido actos con animales.
QUE PUEDES HACER:
- Educa a los niños, a ellos les gustan los
animales y les molestará saber que sufren.
- Protesta si el circo esta de gira en tu ciudad,
escríbeles a los patrocinadores del circo y diles
sobre la crueldad, trata de impedir que el circo se ponga,
avisa a los demás que hagan lo mismo.
- Haz una mesa educativa y reparte bolantes con
información.
- Organiza una protesta, que todos se enteren que
hay mucha gente en contra.
- Ponte en contacto con nosotros y te ayudaremos.
A continuación pasamos a transcribiros el siguiente
artículo escrito por el inglés Brian O´Biren,
con relación a la captura y "entrenamiento"
de elefantes para espectáculos. Cuando la gente asiste
a los circos no conoce todo el sufrimiento por el cual ha
pasado el animal para el acto circense. Después de
leer este texto, nunca volverás a asistir a un circo,
o al menos, no volverás a mirarlo igual.
COMO ROMPER EL CORAZÓN
DE UN ELEFANTE
Brian O´Biren
Romper
el corazón de un elefante, es romper el espíritu
a un animal por demás noble, es humillarlo, obligarlo
a convertirse en un bufón lleno de miedo, hambre y
sed. O´Biren al escribir este relato, nos deja anclado
en el pensamiento, que el "fruto" de tanta crueldad
hacia los elefantes se traduce en ROMPERLES EL ESPIRITU: "Romper
el espíritu es un crimen espiritual. La expiación
entonces, presumiblemente ha de ser también espiritual.
Habrá un castigo y la responsabilidad de este crimen
será compartida entre los perpetradores de la captura
y los domadores del animal, y también por aquellos
que los ayudan y los inducen, zoológicos, dueños
de circos y accionistas y todos aquellos que promueven o impulsan
la exhibición del "artículo terminado"
-y esto incluye a aquellos que pagan por ver a los animales
actores-".
El hombre en el centro de la pista hace sonar su látigo
y los grandes elefantes comienzan a trotar alrededor del círculo,
sus trompas de cada uno agarradas a la cola del de adelante.
Luego hay un silbatazo y los animales se mueven al son de
un baile cómico.
Grandes monstruos gentiles, ¿no es verdad? Cualquier
hombre de circo le dirá que el elefante es el animal
más popular bajo la gran carpa. Pero, ¿alguna
vez te has preguntado por qué son tan fáciles
de manejar en el circo? ¿Cómo se le enseña
a bestias tan grandes estos delicados trucos?
Ellos aprenden mediante un rompimiento de espíritu,
difícil prueba que lleva meses y a menudo vidas.
Yo lo he visto y he vivido en ello. No es ningún placer.
En Sumatra, nativos rodeaban a una manada de elefantes y
los conducían hacia una empalizada de alrededor de
30 metros de diámetro. Usando gongos, matracas y rifles,
los nativos producían un ruido que asustaba a la manada,
haciendo que se moviera hacia el conducto que llevaba a la
empalizada.
Al entrar al conducto, todo el infierno se desata. Todos
gritan, los gongos suenan estrepitosamente y los rifles se
disparan para hacer que los animales aterrados continúen
moviéndose hacia la empalizada. Ya que todos están
dentro, se cortan las sogas que detienen la puerta de la entrada
y ésta cae hacia abajo por dentro, entonces la presión
de los cuerpos de los elefantes es aún más,
están hacinados.
Se les deja solos hasta que cesan de topetar las paredes
de troncos para tratar de tirarlas. Entonces se arman los
corrales para domar; los elefantes tienen que ser domados
aquí, en la jungla, antes de ser embarcados a zoológicos
o circos.
Algunos elefantes escapan a la refriega de la doma, pero
solamente para tener una muerte lenta. Estos son los que tienen
colmillos.
Henrick Boon, holandés dedicado al negocio de los
elefantes en Indonesia, antes de que los nativos salieran
de cacería, una vez me dijo que los elefantes con colmillos
no son costeables para domar. "El marfil que llevan,
cuesta casi lo mismo de lo que producirían después
de ser domados", dijo.
"¿Qué hacen con ellos? ¿Los matan
con armas de fuego?", pregunté. "Dispararles
cuesta dinero", contestó irónicamente.
"Nosotros ponemos a los colmilludos en un corral para
domar, que tienen dos postes enterrados en el suelo en forma
de V. La cabeza del colmilludo es jalada por entre estos postes
hasta que queda atrapada por detrás de las orejas.
Entonces unos travesaños son empujados bajo su vientre
delante de sus patas traseras y atrás de las delanteras,
hasta una altura que casi sus patas pueden solo escasamente
tocar el suelo. Ahora está impotente y listo para las
vacas".
"¿Vacas?", le dije.
"Un viejo Rajá, Palem Kok, tiene un par de vacas
viejas (elefantas) llenas de cicatrices y le juro que disfrutan
de lo que hacen; se acercan pesadamente al colmilludo atrapado
y se restriegan en él hasta que se calma y ya no trata
de sacar la cabeza del cepo. Entonces los mahouts (guías
y cuidadores de elefantes) le ponen cadenas alrededor del
cuello y atan a las vacas quienes inmediatamente se separan
del colmilludo y las cadenas lentamente aprietan hasta que
el elefante patea y gime. En medio de estertores de muerte,
de su pequeña boca triangular brota sangre y muere
estrangulado, con su cabeza desgarrada por la mitad".
Estos son los más afortunados de los elefantes atrapados;
para los demás, los problemas sólo están
comenzando.
La manada se muere de hambre por días, esto los vuelve
menos peligrosos para manejar. Entonces se escoge a uno y
se le deja salir de la empalizada hacia el corredor que lo
llevará hacia los corrales para domar. Una vez dentro,
es acorralado por delante y por atrás; el corredor
es demasiado estrecho para que pueda voltearse.
Mientras está comiendo ávidamente el alimento
con que ha sido atraído dentro del corredor, es atado
de sus rodillas y tobillos para que solamente pueda dar pequeños
pasos de seis pulgadas a la vez. Su trompa es asegurada para
que no pueda matar a alguien con ella y con cuerdas de bejuco
se aseguran sus patas delanteras y traseras. Después,
picándole con lanzas desde atrás, es gradualmente
arrastrado hacia dentro del corral de doma. Con su cabeza
firmemente amarrada, su peso es sostenido por barras cruzadas.
Y ahí permanece por dos semanas con su primera lección.
Durante
este tiempo también se le da muy poco de comer. Su
"mahout" viene hacia él por primera vez,
se sube encima, esquivando los topetazos de su cabeza, tallando
sus orejas, aceitando su piel, lavando sus ojos, dándole
su pequeña ración de fruta y agua hasta que
esté acostumbrado a tener un hombre sobre él.
Cuando ese tiempo llega, está listo para su lección
más importante.
No se debe olvidar que la trompa de un elefante, aunque puede
matar a un hombre con ella, es muy sensible. La mantiene siempre
enrollada durante todo el tiempo en que el peligro asecha.
Y ésa es parte de la lección.
Se le quitan las ataduras de sus patas, se le amarra una
soga a la trompa y bejucos resistentes a sus patas delanteras
y traseras. Luego el "mahout" sube al cuello del
elefante y la cabeza es liberada de los cepos. Al principio
se queda parado. Entonces los hombres de la soga atada a la
trompa lo jalan y camina hacia fuera, aparentemente libre.
Pero si trata de correr, los hombres de la soga lo hacen tropezar
por las patas y cae al suelo con un golpe que lo deja bastante
maltratado. Nuevamente logra ponerse de pie y los hombres
que le sujetan la trompa lo jalan en otra dirección.
Si trata de correr hacia delante, los hombres que le sujetan
las patas traseras lo jalan haciéndolo caer. Después
de varias caídas estrepitosas, está conforme
con caminar hacia donde lo jalen. El "mahout" grita
las instrucciones y lo hiere en la cabeza con el ankus (gancho
con un aguijón) y él camina de un lado a otro.
Pero esto no es suficiente para los entrenadores.
Caminando atrás del elefante, están media docena
de hombres que cantan una tonada como si marchasen manteniendo
un paso mientras azotan la parte trasera del elefante con
cañas de bambú. La parte más delicada
de la piel en el elefante, se encuentra en la raíz
de la cola y es ahí donde las cañas golpean
sin piedad y azotan y cortan, minuto tras minuto, hora tras
hora. Al principio, el animal sobresaltado por todo el jaloneo,
golpes y gritos, no se da cuenta que la paliza con las cañas
de bambú lo están hiriendo. Entonces, al acostumbrarse
al movimiento las heridas comienzan a punzar. No puede voltear
su cabeza porque los hombres que le tienen atada su trompa
se la lastiman. Tampoco puede correr porque lo harían
tropezar. Solamente sigue adelante derramando lágrimas
de sus ojos, gimiendo, acatarrado de su trompa por el calor
del día, bajo el candente sol.
Entonces, baja su cabeza y grita una vez con un largo, estremecedor
y ahogado lamento...
Su corazón, su espíritu... está roto.
Ahora, él ya no trata de correr, ni siquiera de tener
resguardada su trompa. Está a merced de los demonios
que lo atormentan. Lo reconoce.
Le dan de comer y lo llevan al río para bañarlo.
Nunca volverá a los cepos. Ahora es un elefante domado.
"¡Pero no siempre!", me dijo Henrick Boon.
"Recuerdo una vez a un elefante que ellos no pudieron
domar. Lo sacaron de los cepos; su "mahout" era
un nativo de Bakat llamado Bonan. Antes que todo, trató
de atacar a los hombres que le sujetaban la trompa. Lo hicieron
tropezar y lo derribaron, produciéndose un golpe que
sacudió todo el campamento. Pataleó y trató
de rodar sobre Bonan. Pero el "mahout" había
saltado a salvo. Los hombres de la soga se apartaron y lo
jalaron hasta que se puso de pie. Sus ojos rojos estaban llenos
de ira y su trompa enredada en el arnés de piel, emitía
sonidos como alaridos de furia. El "mahout" lo montó
y los hombres de la trompa lo arrastraron. Él embistió
hacia delante y sus patas traseras fueron tiradas hacia atrás
hasta que casi quedó extendido de bruces totalmente.
Rodó otra vez hasta que su piel estaba gris por el
polvo y había sangre en su trompa. Cuatro veces fue
derribado y entonces lo dejaron descansar, porque los hombres
de las sogas estaban agotados.
"Comenzaron otra vez en la tarde. Esta vez obedeció.
Pero de su garganta emitía sonidos gorgojeando, y su
cabeza seguía jalando la soga con su trompa. Tras él
caminaban los hombres de las cañas de bambú,
riendo burlonamente mientras golpeaban las partes delicadas,
abajo y arriba de su cola. A los primeros golpes se detuvo,
apretó la cola por abajo y gimió como un toro.
Los hombres de la trompa jalaron y tuvo que seguir adelante.
Otra vez las cañas lo hirieron. Reparó, luchó
jalando las sogas y se paró sobre sus patas traseras.
"Lo bajaron de un tremendo golpe y después siguió
caminando, los hombres con las cañas llenas de sangre
reían como maniáticos. De derecha a izquierda
siguió a los hombres de la trompa. Retrocedió,
caminó hacia delante, dio vuelta, se detuvo. Pero no
podían hacerlo gritar.
"Bonan, enterró el aguijón en la cabeza,
cortó sus orejas. Los hombres de la trompa jalaron
el arnés hasta que su trompa derramaba sangre. Había
sangre en su cabeza y caía tras sus orejas sobre la
arena, mientras lo jalaban dando vueltas, vueltas y vueltas.
"Obscureció, pero el Rajá Palem Kok dijo
al "mahout" que lo mantuviera caminando hasta que
desistiera. Prendieron grandes fogatas alrededor del campamento
y las antorchas dibujaban la silueta de la figura, caminando
pesadamente en medio de sus torturadores, silencioso con las
punzadas y las heridas de las cañas de bambú.
"Pero no fue el corazón del elefante el que se
rompió. El Rajá mandó esclavos para que
azotaran a los hombres de las cañas y para injuriar
al "mahout" ¿Qué clase de entrenadores
eran ellos?, gritó.
"Siguieron frenéticamente. Los gongos hicieron
eco, los fuegos llameaban, pero el elefante no gritaba. Finalmente
el Rajá ordenó que se detuvieran. El elefante
regresó a los cepos.
"Yo oía ruido y no podía dormir. Bajé
al campamento y vi a la bestia parada en el corral, los postes
sujetando su cabeza de la que escurría sangre; sus
pequeños ojos, rojos a la luz del fuego, viendo a la
gente justamente igual que el elefante de circo lo mira a
usted cuando se acerca.
"Miré a los hombres exhaustos con sus cañas
ensangrentadas todavía en sus manos. Entonces, llegaron
aquellas dos horribles vacas, arrastrando las patas ansiosamente
hacia los cepos. Sus "mahouts", borrachos, estaban
riendo con los labios manchados de betel y sonando sus cadenas.
"Eso
fue demasiado para mí. Ese elefante, parado tan calladamente,
había soportado todo lo que sus cuarenta atormentadores
pudieron hacerle y no se había domado. Él merece
algo mejor que ser estrangulado, vociferé.
"Corrí a mi choza y tomé mi rifle express,
un 450 Westley Richards. El elefante me miró mientras
me apresuraba a él. Tenía la impresión
de que sabía lo que yo iba a hacerle. Posiblemente
me hubiese agradecido si hubiera sido capaz; no lo sé.
Puse la boca del rifle cerca de la raíz de la trompa,
entre los ojos, un poco arriba de ellos y apreté el
gatillo.
"El disparo casi me derriba cuando las balas de grueso
calibre estallaron dentro de su cabeza. No se movió
y altivamente me miró con un gran hoyo en él.
Entonces se quejó una sola vez y con un profundo gemido
estremecedor se desplomó jalando con su gran peso hacia
abajo los postes que todavía sostenían su cabeza.
"Los nativos cayeron sobre mí como hormigas.
Les di de patadas y di vuelta a mi rifle, listo para romper
algunas cabezas. Pero desde atrás, me hicieron tropezar
y me arrastraron hasta donde estaba el Rajá, sentado
en cuclillas sorbiendo vino de una jarra. Me gritó
como una mujer histérica, con coraje por no poder ver
el estrangulamiento del toro (el elefante) y con rabia al
no poder romper el espíritu del animal. Tenía
miedo; pensé que me partiría en dos. Y eso provocó
algo en mí.
"¡Adelante!", le grité "¡Usted
pone una mano sobre mí y yo le lanzaré una maldición
que hará que todos sus hijos parezcan cerdos!"
"No sé que me hizo pensar en eso, pero los Bataks
tienen un miedo mortal a las maldiciones y los cerdos es lo
que más odian. Como quiera que sea, él hizo
que me sacaran y me reportó a los oficiales y, ¿sabe
qué? Ese maldito juró que yo, deliberadamente,
había destruido un valioso elefante que estaba entrenado
y listo para la venta. Se me prohibió volver a cazar
animales en su provincia.
Henrick Boon dejó la caza de elefantes después
de eso.
"Cuando fui a un circo, miré al hombre elegante
con su hermoso uniforme y el elefante paciente siguiéndole
alrededor como un perrito faldero y pensé: ¿cree
usted que es un gran entrenador de animales, verdad? Pues
no ha entrenado nada. Todo lo que hizo fue enseñarle
pequeños trucos a una noble bestia cuyo corazón
había sido roto mucho antes de que usted lo conociera
y pensé en los pequeños hombres desnudos, con
jugo de betel goteando de sus bocas y caminando detrás
de un elefante haciéndole llagas para romper su corazón
y que pudiera aprender cómo pararse de cabeza y mendigar
cacahuates. Todo esto, más o menos, echó a perder
el circo para mí".
Este artículo fue publicado en "Real",
New York, el 25 de febrero de 1955. Pese a que han transcurrido
cerca de cincuenta años, la captura, el entrenamiento
y el trato de elefantes en espectáculos y otras explotaciones,
no ha cambiado mucho.
En pleno siglo XXI, en Vietnam siguen atrapando y domando
elefantes para la tala de árboles, los elefantes son
obligados a jalar los gruesos y pesados troncos y transportarlos
a explanadas, en el intento varios elefantes resbalan y mueren
fracturados o ahorcados por el peso de los troncos. Antes
de ser explotados para este tipo de trabajo, el método
para domarlos es muy similar al explicado en el artículo,
muchos de los elefantes son robados desde muy jóvenes
a sus madres, y las hembras preñadas en cautiverio
dan a luz encadenadas y aisladas (algo terrible, porque en
su hábitat natural cuando dan a luz son asistidas por
otras hembras).
Depende de nosotros el cerrar el capítulo
de este tipo de torturas, al dejar de asistir a eventos o
apoyar actividades donde se explote la vida de los animales.
" No más es píritusrotos ".

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